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distributed environment interactive actions Créditos: Universidade Católica de Goiás Departamento de Computação Coordenação: Prof. Cláudio Martins Garcia garcia@computacao.net |
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Parábola de los
talentos:
Porque el
reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos,
llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dió
cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su
capacidad; y luego se fue lejos.
Y el que
había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos y
ganó otros cinco talentos. Asimismo el que había recibido
dos, ganó
también otros dos. Pero el que había recibido uno
fué y cavó en la tierra, y escondió el dinero de
su señor.
Después
de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y
arregló cuentas con ellos. Y llegando al que había
recibido cinco talentos, trajo
otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me
entregaste, aquí tienes, he ganado otros cinco
talentos sobre ellos. Y su señor le
dijo: bien, buen siervo y fiel, sobre poco has sido fiel, sobre mucho
te pondré; entra en el
gozo de tu
señor.
Llegado
también el que había recibido dos talentos, dijo:
Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado
otros dos talentos sobre ellos.
Su Señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido
fiel, sobre mucho te pondré; entra en el
gozo de tu
señor.
Pero llegando
también el que había recibido un talento, dijo:
Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde
no sembraste y recoges donde
no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu
talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo.
Respondiendo
su señor le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que
siego donde no sembré, y que recojo donde no
esparcí.
Por tanto debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al
venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los
intereses.
Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene
diez talentos. Porque al que tiene le será dado, y tendrá
más; y al que no tiene,
aún lo que
tiene le será quitado.
Y al siervo inútil echadle en la tinieblas de
afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
San Mateo 25: 14-30 |